Primera batalla.

Primera batalla.

La guerra navideña es una tradición que se celebra todos los años en España. Bueno, el resto de los españoles la conocerán como Navidades a secas, más otros propios nombres que ellos mismos les puedan poner. Para mí, se queda con guerra navideña. Esta semana ha sido, de hecho, la primera batalla de las tres grandes de las que se compone esta confrontación. Noche buena, Navidad, saca la bota María que me voy a emborrachar, como dice el villancico. Aunque a mí no me ha dado tiempo de emborracharme, y ya podía ponerme a beber alcohol como una loca que no importaba, pues toda la comida que ingería, al mismo tiempo que bebía, contrarrestaba por completo los efectos embriagantes del alcohol.

Esto era lo que más temía, que cuando llegue a Madrid, que total, no vuelvo dentro de tanto, no sea capaz de abrocharme los pantalones. Es lo que tiene, además, volver a casa por navidades después de unos cuantos meses sin pisar el pueblo. Que si ya tenían ganas de cebarme, por estas fechas, además, tienen más medios de lo normal. Y es algo que me parece bastante curioso. Me paso el día comiendo pero sin hambre, es un no parar. Creo que dejé de tener hambre, de hecho, en la primera comilona. He comido tanto que a veces creo que me va a dar algo chungo en el cuerpo, pero no pasa nada, sigo comiendo y sigo cenando todos los días.

Por otro lado, la noche buena, aparte de llena de alcohol contrarrestado con comida, fue relativamente tranquila. En mi casa hay muchos niños pequeños y muchos más adultos, así que nos juntamos ciento y la madre patria para vernos las caras, porque escucharnos todos y entre todos es prácticamente imposible. Después de la cena, me escabullí para ver a unos amigos, y pasé la noche escuchando hip-hop de fondo y esta vez, ya, hablando todos y entre todos. La comida de navidad suele ser más calmada, pero mi estómago tembló igualmente. Y ahora, sólo me queda prepararme para la segunda batalla: no atragantarme con las uvas y morir durante los primeros segundos del 2014.

Escrito por: Kaleidoscopio Cinco

Veo la vida a través de fantasmas de colores, pero todos me persiguen. Retrato emocional-universitario.

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