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Pilar, una cajera a la que “todo irá bien”

Pilar, una cajera a la que “todo irá bien”

La acolumnada y viejita sala Off del Teatro Lara, acoge la obra “Todo irá bien”. El libreto de José Manuel Carrasco nos presenta a la protagonista de esta tragicomedia “Pilar” que da vida su tocaya Pilar Bergés, inmersa en una crisis existencial que cambia su vida, empezando por querer quitársela.

Esta crisis fue detonada por “Miguel” interpretado por Juan Dávila, que tras una sesión de sexo rápido durante el descanso del curro, el que fuera el chico más popular del instituto y actual bala perdida, acaba de un golpe con la no relación que tenía con Pilar y la despide de su trabajo como cajera del susupermercado del barrio.

Sin más distracciones externas, no le cabe más remedio que mirarse a si misma y sentir que no le gusta lo que le devuelve el espejo. Con treinta años Pilar tiene la sensación de llegar tarde, de no haber cogido el tren de la abundancia y felicidad que le prometía la juventud, de estar atada al presente por una cuerda en forma de camisa de cajera.

El drama es edulcorado en primera instancia por su amiga Carmen, que se siente responsable de la integridad emocional de su inseparable Pilar.  En segunda instancia por “Luis” (Ignacio Mateos), un arlequín tan dañado como Pilar que da el contrapunto a Miguel.

Sobre la obra quiero decir que aunque divertida hasta la carcajada por momentos, no quiero mentir, me esperaba más. Dicho esto el público disfrutó mucho de la obra que estaba muy enfocada en la parte cómica y la sala entera se llenaba de risas cada dos por tres. Sin embargo, en el componente trágico, que es la clave para empatizar con los personajes, me faltó algo.

Entiendo que es una comedia y así debe tratarse, pero me pareció una oportunidad perdida para que la obra fuera genial y cuajara en las mentes del público en su mayoría treinteañeros.

También es cierto que quizá mi objetividad pudo verse afectada por la incomodidad resultante de la aglomeración de taburetes y columnas que dificultaban la visibilidad, ya que fue un lleno absoluto y había poco espacio.

En resumen, me alegra mucho ver que la sala se llene y disfrute. A la cultura en este país le hace falta, y mucho, el éxito en las salas de teatro, pero eché de menos SENTIR más durante la obra, y acabar con la sensación de que te han abierto en canal el alma durante hora y media. Puede parecer masoquista pero es adrenalina de la mejorcita que hay.

Escrito por Pablo Lassaletta González y Ana Riolobos Pérez

Escrito por: Pablo Lassaletta González

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