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No es un concierto, es una experiencia.

No es un concierto, es una experiencia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Anoche tuve el placer de poder presenciar, allí, de verdad, en carne y hueso y con mis cuatro sentidos bien abiertos, el concierto que hizo el grupo The National en el palacio Vista Alegre de Madrid. Salí tarde rumbo al lugar, cosa a la que no estoy acostumbrada (sí, yo soy de las que exageran y si pueden se van horas antes a esperar allí, haga el tiempo que haga en la calle, me suele importar poco en esos momentos), pero cuando llegué me encontré con la grata sorpresa de que aún no había mucha cola. No tuve que esperar mucho para poder entrar y una vez me vi finalmente allí dentro, fue cuando comenzó a desatarse el verdadero caos dentro de mí.

Antes de continuar quiero recalcar que para nada esperaba, desde que escucho a este grupo, tener la oportunidad de verlos en directo. Llevaba cinco meses con la entrada en la mano, pues no pasaron 24 horas desde que me enteré que venían a Madrid hasta que fui a comprarla. Y cinco meses es mucho tiempo, son muchas semanas de agonizante espera ante el hecho ya latente de que va a suceder, de que los iba a ver.

A las ocho de la tarde salieron puntuales los teloneros. Éramos pocos los que ya estábamos dentro del edificio pero escuchamos atentos a This is the kit, nombre del grupo de los teloneros. Brindaron un rato agradable a los allí presentes, que cada vez éramos más, y se despidieron cuarenta minutos después de haber subido al escenario. Y luego, a las nueve y cuarto de la noche, también puntales, salieron los americanos. Abrían el concierto con la canción Don’t swallow the cap y cerraban con un precioso y lento Vanderlyle crybaby geeks. Y durante el tiempo que transcurría entre una y otra canción, especialmente me llegaron al alma I should live in Salt, Bloodbuzz Ohaio, Afraid of everyone, Slow show, England y Terrible love, entre otras. Fueron dos horas y cinco minutos intensas y llenas de magia, espiritualmente hablando. Fue un concierto impecable y divertido, que dejó un buen sabor de boca, creo, a todos los que estábamos presentes. Al menos, personalmente, no le pongo ninguna pega. La única tal vez es que no puedo verlos tocar todos los días.

Escrito por: Kaleidoscopio Cinco

Veo la vida a través de fantasmas de colores, pero todos me persiguen. Retrato emocional-universitario.

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