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Los jueves son los nuevos viernes.

Los jueves son los nuevos viernes.

Y tal vez por eso es por lo que desde la semana pasada, escribo un día después de lo que lo salía hacer cuando empecé los fantasmas del número cinco. También es, para no variar, por lo que conlleva tener un horario partido, e ir a clase tanto por la mañana como por la tarde. No puedo quejarme del todo de mi horario, es verdad, pues los lunes soy la persona más feliz del mundo ya que no tengo ni una sola clase. Pero el hecho de tener el jueves ocupado de las nueve de la mañana a las ocho de la tarde –con sus respectivos descansos intermedios, por supuesto- me lleva a anunciar que a partir de ahora escribiré los viernes. Y esta es la primera cosa que quería decir hoy.

Por otro lado, hoy por fin voy a hacer uso del nombre que le puse a la columna, voy a hablar de los primeros fantasmas del número cinco. Desde que acabé las recuperaciones me he dado cuenta de que llevo una vida bastante intensa. A ver si soy capaz de explicarme: yo soy bastante sedentaria. Y cuando digo bastante sedentaria hago referencia a que si no es estrictamente necesario, no voy a moverme. Pero ahora todo ha cambiado. Si no es porque estoy yo fuera, es porque tengo a alguien dentro, pero siempre estoy haciendo algo, no importa si en casa, en la universidad, perdida en algún rincón de Madrid que conozca perfectamente o en otro que no haya visto en la vida. Esto, ha supuesto, meter a varios fantasmas en el número cinco.

Hace un par de semanas, estuvo una amiga del pueblo conmigo. Esperaba a saber si estaba admitida en la universidad porque tuvo que esperarse a la convocatoria de septiembre para poder matricularse. He de deciros, fue una semana intensa y es, entre mis adorados fantasmitas, el que más me ha dado estrés al mismo tiempo que alegrías. He de decir que tener a alguien durmiendo en tu habitación cuando el despertador te suena a las 7:30 de la mañana, y tener que mover colchón y medio porque los metros cuadrados en los que pretendes ordenar tu vida son bastante escasos, estresa. Incluso algunas mañanas tuvimos una tensión palpable. Y sin embargo, por otro lado, llegar a mitad de mañana –cosas del horario, como ya he mencionado anteriormente- y encontrarte el café hecho, hace que la tensión se evapore. La buena noticia es que la han admitido en la universidad, por lo que aún me sigue dejando su esencia fantasmal de vez en cuando por casa.

Como podéis observar, hoy estoy un poco random. La verdad, quiero hablar de mil cosas y mi cerebro no es capaz de ordenarlas todas. Creo que es la euforia del viernes, un sutil cansancio patrocinado por una noche de ‘juernes’ tranquilo, y muchas ganas de salir de clase.

Escrito por: Kaleidoscopio Cinco

Veo la vida a través de fantasmas de colores, pero todos me persiguen. Retrato emocional-universitario.

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