Inicio » Features » La homofobia en casa

La homofobia en casa

La homofobia en casa

Muchos de vosotros sabréis lo que es el rechazo de vuestros padres/madres a vuestras parejas. Os pondrán pegas como que es un vago, que no os conviene, que tiene “pintas”, que se aprovecha de ti… En fin, cualquier cosa. Son vuestros padres y se preocupan por vosotros, es normal. A veces tendrán razón, a veces no. Todo depende del punto de vista y lo ciegos que estéis en ese momento. Pero imagináos que la única pega que puedan echarle a vuestra pareja es su sexo. Pues eso es lo que me pasa a mí.

Soy lesbiana y lo sé desde los trece años más o menos. Me costó reconocerlo y no digamos ya contárselo a la gente, incluso a mis amigos. Lo pasé bastante mal los primeros años llegando a distanciarme de muchos amigos, no porque no me aceptaran, sino porque a mí misma me costaba aceptarme. Tuve varios rolletes, nada serio y poco a poco me fui aceptando y dándome cuenta de que era así y no podía cambiarlo. Debía ser fuerte y sentirme bien conmigo misma. A partir de ahí, ya nunca volví a tener miedo de lo que pensara la gente y volver a tener amigos con total normalidad.

No me planteé decírselo a mis padres aún, pero al parecer mi madre ya sospechaba y me pilló un día hace seis años una carta en la que una amiga hablaba de una chica que me gustaba.Reaccionó fatal. Lo pasé muy mal aquella semana en la que mi madre se negó a mirarme y a hablarme. Cuando quiso “hablar” conmigo, me dijo cosas horribles, ente ellas, que le daba asco y que no era normal. Mi padre en cambio no le dió importancia y sólo me dijo que no le mintiera, pero tampoco se posicionó contra mi madre.

El tema quedó zanjado. No volvimos a hablar de ello. Pero al empezar la universidad, mi madre volvió a la carga. Coincidió que aquel año me eché novia y para colmo vivía lejos y tenía que salir a horas bastante inusuales de casa. Mi madre comenzó a sospechar y se pasó el año que estuve con esa persona espiándome, siguiéndome, buscando entre mis cosas, buscándo pìstas en mis perfiles de internet, quitándome la paga para que no saliera, llamándome constantemente para saber dónde estaba y qué hacía y además amenazándome o diciéndome cosas tales como “¿ya te vas otra vez con la guarra esa?”o “Como un día la pille se va a llevar un guantazo”.

Cuando la relación se terminó, lo estuve pasando muy mal. Pude apoyarme en mis amigos para salir del paso, pero muchas veces me hubiera gustado tener a mi madre para hablar y que me diera su apoyo porque, pese a todo, yo la consideraba y sigo considerando una buena madre. Por supuesto, no fue así y me costó mucho fingir que todo iba bien con un corazón hecho trizas.

La cuestión es que hace casi once meses conocí a mi actual pareja. Al poco tiempo de empezar la relación, ella misma decidió presentarse en mi casa como amiga para así no tener que estar tan a escondidas conmigo. Mi madre sospechó algo al principio, pero al poco tiempo bajó la guardia. Puede que fuera porque mi novia es bastante femenina y no cumple apenas con el típico estereotipo de lesbiana, además de ser la chica más agradable, educada y detallista que se pueda imaginar, sobre todo con mis padres. Incluso me dejó irme de viaje con ella a su ciudad natal. A la vuelta, cada poco tiempo mis padres la invitaban a comer o a pasar la tarde en casa. No tenían incoveniente en que quedara con ella, me quedara a dormir en vacaciones, dijera que me iba con ella a cualquier sitio… Todo estaba bien. Creíamos que al menos mi padre sabía algo, pero él no decía nada o incluso me sugería que la invitase a comer las veces que quisiera. El problema era mi madre. ¿Lo sabría? ¿Sospecharía? ¿Y si se daba cuenta o lo descubría?

Hace unas semanas, fue mi cumpleaños y mi novia añadió al regalo una preciosa carta de amor con tan mala suerte que creemos que mi madre debió de leer cuando estaba por mi cuarto. Se pasó una semana y pico borde y de mal humor en general. Yo me temí lo peor sin saber nada aún, pero decidí que lo mejor sería esperar para ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Y, finalmente, estalló. Avisé en casa de que iba a venir mi novia a casa a ayudarme con un trabajo (y para colmo era verdad) y mi madre saltó “no quiero a tus rollos en casa ni para jugar ni para estudiar”. Aguantó después de esto tres días sin hablarme hasta finalmente tener la charla conmigo. Que si había metido, que me dejaba influenciar y manipular por otros, que si iba a acabar mal, que no quería que viniera nadie a casa y se aprovechara de nuestra familia… Y algunas burradas que creo que es mejor no mencionar.

Quiero luchar y debo luchar. No hay nada malo en lo que hago y debo mantenerme firme. Mi madre debe aceptar las cosas porque además, cuando no sabía que esta persona era mi pareja, la veía con muy buenos ojos. Mis amigos lo dicen “esta chica te hace bien”. Se la podría considerar la nuera perfecta. Me apoya, hace lo que sea por mí, me hace ser mejor persona, esforzarme, luchar, dejar mis vicios, explotar mi potencial, es inteligente, madura, sensata, educada y, lo más importante, me quiere. Y si mi madre no quiere ver esto simplemente porque es una mujer, debe aprender a aceptar que no voy a cambiar y que mi vida, aunque ella me la dió, la que la controla debo ser yo y sólo yo.

Escrito por: Beatriz Díaz Martín

Beatríz Díaz Martín Estudiante de Filología Inglesa (AKA Estudios Ingleses) en la UCM. Idealista, feminista, soñadora y "grammar nazi" en ratos libres. Amante de la música, los videojuegos, la escritura, la informática y los idiomas. “So much to do in one life time…” e-mail: b.diazmartín@uniactualidad.es

Ver más posts


Más noticias