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El efecto Loto: ¡Niño, no juegues en el barro!

El efecto Loto: ¡Niño, no juegues en el barro!

Imaginad por un momento la estereotipada imagen de un niño con una pelota de fútbol bajo el brazo, con la mayor de las sonrisas y cubierto de barro hasta las cejas. Fácil, ¿verdad? Los anunciantes de detergentes nos han incrustado bien esa imagen y su consecuencia inmediata, la típica reacción de horror y espanto por parte del progenitor de turno por ensuciarte la camiseta nueva o los zapatos.

Como yo mismo fui ése niño una vez, no puedo más que sonreír al leer la noticia de que ya han empezado a comercializar productos basados en el Efecto Loto.

Dicho efecto describe como ciertas superficies pierden casi por completo la capacidad de humedecerse, en términos de energía diríamos que la interfase no es energéticamente favorable, en términos de fuerzas diríamos que las fuerzas de adherencia son mucho menores que las de cohesión. Vamos, que la gota no está cómoda sobre esta superficie. Y, qué demonios, es perfectamente normal ya que generalmente son estructuras complejas llenas de bordes las que generan estas características.

Dicho así no suena emocionante, pero si añadimos que no sólo son hidrofóbicos sino que también repelen aceites y otros líquidos más viscosos como el ketchup, presentan autolimpieza, aumentan la resistencia a la corrosión y reducen su resistencia al viento. ¿La cosa cambia bastante verdad?

Veamos, ¿para qué puede querer la industria materiales con una vida útil más larga, que no haga falta limpiar, que tengan menos rozamiento con el aire y que hagan máxima la transferencia de líquidos?

¡Imaginaos! Ropa siempre limpia (¡adiós anuncios de detergentes!), edificios inmaculados, suelos sin polvo (el famoso anuncio ochentero de “Pronto” acabaría en tragedia), botellas de ketchup que se rendirían sin violencia, por fin miel que no pringue, trasvases de ríos más eficientes, tratamientos médicos más precisos, coches con menos resistencia al viento, parabrisas que nunca se llenen de vaho. ¡Ah! Y cómo no… niños jugando en el barro.

Escrito por: Pablo Lassaletta González

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