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El ébola, crónica de una crisis.

El ébola, crónica de una crisis.

“Tan razonable como representar una prisión de cierto género por otra diferente es representar algo que existe realmente por algo que no existe” Daniel Defoe

Estos días estamos siendo público y actor de la gran alarma social provocada por el ébola. Hasta hace unos meses muchos de nosotros manejábamos escasa información sobre este virus. Información que hoy invade redes sociales, medios de comunicación y charlas de autobús.

No pretendo hacer un análisis médico del tema, pero si creo que es necesario un análisis político y social que nos aporte una visión de conjunto.

La cita de Daniel Defoe con la que comienzo este artículo no la he escogido al azar. Se trata ni más ni menos del epígrafe con el que Albert Camus decide iniciar su novela “La peste”. En ella narra el autor con un estilo descriptivo muy realista a modo de crónica las vicisitudes que acontecen en la ciudad argelina de Orán asolada por una epidemia de peste y aislada del resto del mundo.

La novela comienza con la imagen de una ciudad mediterránea cuya descripción podría aplicarse a muchas otras ciudades. Al declararse la peste surgen una serie de cambios que significarán la evolución hacia una descripción distópica de la misma ciudad, de sus instituciones, de sus relaciones vitales y de su ritmo social. En ese apocalipsis surge una visión utópica que parte de los propios individuos, que ante las necesidades surgidas y la falta de respuesta institucional se organizan imaginativamente y desarrollan unas nuevas instituciones sencillas y cotidianas que constituirán el afrontamiento de la epidemia llegando, incluso, a terminar con ella.

ebola

No es difícil encontrar paralelismos entre la crisis producida por la peste que nos propone Camus y la crisis que estamos viviendo ahora en España con el ébola.

En la novela las instituciones se quedan paralizadas intentando evitar que cunda el pánico entre la población y terminan siendo superadas por la epidemia al no actuar o actuar tarde. Esta misma ineficacia y torpeza la presenta nuestro gobierno, que improvisando de mala manera se ha dado de bruces con el resultado de sus propios recortes.

El Gobierno de Ignacio González lleva dos años destruyendo y privatizando la sanidad Madrileña. Entre los recortes realizados se desmanteló el Hospital Carlos III, centro de referencia para casos pandémicos e investigación de enfermedades tropicales, a principios de este año. y como resultado tenemos el primer caso de infección de Ébola en España.

Algunos medios de comunicación, como en el libro, mantienen una postura de obediencia al poder, y siguiendo muy de cerquita al discurso que mantiene la Iglesia en la novela, nos intentan vender la idea de la culpa, explicando el contagio por negligencia personal de la afectada.

Los políticos enmudecen, como la ministra de sanidad Ana Mato. Y empiezan a vislumbrarse las posibles consecuencias que puede tener la llegada a España del ébola sobre nuestra economía.

 

“La peste” puede leerse de tres maneras, como el relato de una simple epidemia, como metáfora del nazismo y los totalitarismos o como metáfora del propio mal.

El actual brote de ébola, más allá de lo que es el propio virus, puede interpretarse como el avance de un capitalismo voraz al que no hace un frente fuerte ninguna otra ideología, y que con el ultraliberalismo que le caracteriza despoja al ciudadano de su libertad al arrebatarle derechos sociales tan básicos como la sanidad. Ya no es Orán la sitiada por la peste, es el mundo el que está sitiado por el liberalismo. Occidente observaba el avance de la epidemia en África con la indiferencia que los vecinos de la ciudad argelina observaban morir a las primeras ratas víctimas de la peste.

Marcado por su pensamiento existencialista, Camus nos propone una utopía dónde es el propio sujeto quien es capaz de cambiar esas circunstancias adversas. De esta manera las instituciones totalmente superadas, poco poco van perdiendo su valor y eficacia, al mismo tiempo que lo ganan las nuevas instituciones organizadas por el esfuerzo personal de los propios ciudadanos.

Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.

 

Camus terminaba así su novela alertándonos de que aunque hubiese terminado la pesadilla de los totalitarismos, siempre queda el bacilo del mal esperando a despertar a sus ratas. Por eso no debemos dejarnos sitiar y que esquilmen nuestros recursos. Indistintamente de la situación en la que nos encontremos hemos de ser capaces de buscar alternativas e imaginar esas soluciones para escapar del sitio que supone  el mal social, político y económico que acecha al mundo.

 

 

 

 

 

Escrito por: Itziar Zamalloa Antón

Redactora Sección de Opinión. En caso de contacto dirigirse a : itziar.zamalloaanton@gmail.com

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