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El cigarro frente al fumador… ¿Quién consume a quién?

El cigarro frente al fumador… ¿Quién consume a quién?

El tabaquismo se define como una enfermedad crónica, con tendencia a las recaídas y con tratamiento con eficacia demostrada.
Y es que debemos dejarnos de eufemismos, puede que en un momento dado la persona decidiese empezar a fumar voluntariamente, pero en el momento en el que empieza deteriorar su salud a marchas forzadas y no puede dejarlo sin ayuda, no podemos seguir negándolo, se convierte en una adicción, en un problema.

Y no sólo lo es en sí misma, sino que es la primera causa evitable de otras enfermedades, ya que según la OMS “cada 8 segundos muere una persona por patología relacionada con el tabaquismo”. Se estima que te quita entre 7,5 y 10 años de vida. Esto es realmente alarmante, si tenemos en cuenta que en España fuma el 29,9% de la población[1].

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Los pitillos están compuestos principalmente por la llamada nicotina, responsable de la adicción que tarda, aproximadamente, siete segundos en actuar desde que la inhalamos hasta que llega a nuestro cerebro que libera una sustancia denominada dopamina, generándonos una sensación de placer y calma, además de otros efectos como la reducción de peso y apetito. El problema es que a los veinte o cuarenta minutos, la nicotina es eliminada de nuestro organismo y deja de hacer efecto, produciendo lo que se conoce como síndrome de abstinencia, es decir, que el cuerpo echa de menos la sustancia, produciendo síntomas como: inquietud, ansiedad, cansancio,  deseos compulsivos de fumar, tos, reducción de la memoria a corto plazo, etc.

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El cigarro tiene además muchas otras sustancias que son altamente tóxicas para nuestras células, haciendo que éstas puedan mutar para defenderse y produciendo enfermedades.

Ya tenemos el problema, entonces debemos preguntarnos ¿tiene solución? La respuesta es rotundamente sí, tengas los años que tengas, lleves fumando el tiempo que sea y estés todo lo enganchado que puedas: siempre se puede hacer algo.

Para ello, es muy importante ser consciente de que cuantos más cigarros se fumen, más peligroso es o, lo que es lo mismo, en el momento en que lo dejas, empiezas a recuperarte. Por ejemplo, como se puede observar en la gráfica, una persona que deje de fumar tan sólo a los 10 años tendrá las mismas posibilidades de contraer cáncer de pulmón que alguien que jamás lo probó.

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Por otra parte, hay que mentalizarse de una segunda cuestión: no hay que tener reparos de acudir al médico de familia, para eso están, que son  especialistas en tratar este tipo de situaciones. De hecho, los datos nos indican que de los fumadores que han intentado dejarlo sin ayuda de ningún tipo de ayuda, el 97%, fracasa tras un año de intento1.

¿Y qué pueden hacer el profesional? En primer lugar, hacer una valoración de la situación: mediante algunos test que miden el nivel de “enganche”. En segundo lugar, puede responder a dudas. Después, puede mandar diversos tratamientos: desde consejillos caseros hasta terapia psicológica  y fármacos que ayudarán a reducir la ansiedad y el síndrome de abstinencia. Por último, puede hacer un seguimiento en el tiempo, él o ella pueden guiar mientras dura el duelo, dar ánimos o continuar insistiendo en caso de recaídas. Recuerda que se considera exfumador a una persona que lleva un año sin probar los cigarros.

 

[1] (OMS, informe sobre la epidemia global del tabaco 2011).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por: Paula Gomez

Redactora. de la sección de salud. Estudiante de 4º de medicina. Aficionada a la escritura, el baile, el teatro y los viajes. Para atenderte p.gomezespa@uniactualidad.es

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