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“Cómo fomentar el odio a la lectura”

“Cómo fomentar el odio a la lectura”

Todos conocemos que, por desgracia, España no es un país donde se lea mucho.

Según el informe PISA de hace dos años, España suspendía en matemáticas, lectura y ciencias. El informe demuestra que la mayoría de los estudiantes españoles que finalizan la enseñanza obligatoria (ESO), se encuentran por debajo de la media de la Unión Europea.

En el blog Canal Educación, Fernando J. López escribió hace un par de días una entrada en la que expone el problema de la lectura en los alumnos españoles. Quizás el problema no resida en los propios alumnos, sino en la propia educación.

lectura

“«—¿No os gusta leer? —me alarmé.

—Leer sí, claro —me respondió Julia—. Pero la literatura, para nada.

Algo falla cuando Julia está convencida de que los libros y la literatura son dos cosas distintas.»

Este diálogo de La edad de la ira es la versión novelada de una conversación real. Tuvo lugar en una de mis primeras clases como profesor de Lengua y Literatura Española en 4ºESO y admito que, en un primer momento, me costó reaccionar. ¿Los libros sí y la literatura no? Sin embargo, y pese al aparente oxímoron, no había nada de paradójico en esa respuesta. Al revés, fue una de las más sensatas y esclarecedoras contestaciones que me han dado jamás.

¿Cómo iba a gustarle la literatura a aquella alumna a quien habían convencido de que consistía en memorizar autores, obras y títulos? ¿Cómo iba a disfrutar haciendo una y mil veces el mismo modelo de comentario de texto y respondiendo preguntas que, PISA dixit, miden la comprensión lectora y donde -en realidad- solo se le pedía la extracción mecánica de información? ¿Qué razón habría para que encontrase algún tipo de placer en Berceo, el Mio Cid o Góngora, textos y autores que le habían sido impuestos sin tener en cuenta ni su edad, ni su horizonte de expectativas, ni sus posibles intereses como lectora?

Llevamos décadas obcecados en el mismo modelo: convirtiendo la enseñanza de la literatura en un catálogo y no en una experiencia. En un repertorio de datos inútiles (olvidados tras su vómito en el examen pertinente) y no en una vivencia personal. Décadas enfocando una materia tan amplia -y tan fascinante- como esta desde el empobrecedor criterio cronológico, convencidos de que el mejor modo de fomentar la lectura en un adolescente de trece, catorce o quince años es sumergirlo entre jarchas y fragmentos épicos o de obras de teatro del Siglo de Oro.

Entretanto, la literatura del siglo XX queda relegada a una tímida aparición: tímida porque sucede cuando ya está todo perdido y porque, cómo no, se limita a los textos consagrados. Del siglo XXI mejor no hablar: ni siquiera aparece -¿esto no era ya 2014?- en los planes de estudio. Y sobre los planes y currículos de la LOMCE, solo podemos añadir que su radical despropósito acabará de arruinar las escasas vocaciones filológicas que aún subsistan.

Mecanismos como el actual examen de Selectividad -donde la pregunta literaria es puramente teórica y memorística- o las futuras reválidas -que convierten la educación en una versión ampliada del Trivial Pursuit- ahondan en esa visión de la literatura como un conocimiento accesorio, superficial y solo indispensable para superar ciertos obstáculos, no como una actividad necesaria para construirnos e identificarnos como individuos y como sociedad.

Desde las aulas -nuestra última trinchera- somos muchos los docentes que compaginamos las exigencias del programa oficial con nuestra intención de formar futuros lectores. No resulta sencillo sacar tiempo para ambas cosas, así que vivimos en un equilibrio inestable que nos permita huir del catálogo y sumergirnos en las páginas, en esos libros que, ahora mismo, no forman parte de la obsoleta y rancia enseñanza (oficial) de la literatura”.

Fuente: www.blogcanaleducación.es

Escrito por: Alicia García

Madrileña. Estudiante de periodismo en la UCM. Amante de la fotografía. Fiel seguidora del Estu. Twitter: @alibyees9

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Comentarios (1)

  1. Beatriz Díaz Martín dice:

    Como filóloga y persona de letras he de decir que, aunque me duela leer estas cosas, es completamente cierto. La gente, sobre todo los más jóvenes, apenas leen y no digamos ya escribir. No entiendo como una persona que disfrute de una buena historia en series, películas o videojuegos, después no sea capaz de disfrutar con un buen libro. Ahora que leo por obligación muchos (quizá demasiados) libros, me doy cuenta de lo que daría yo por tener libertad para elegir lo que leo y tener el tiempo suficiente para dedicarlo a ello. Una auténtica pena lo de este país, en este sentido y otros muchos.