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Carta de un supuesto profesor universitario a “El Juli”

Carta de un supuesto profesor universitario a “El Juli”

El pasado día 27, se daba a conocer que Julián López, un torero conocido con el apodo de “El Juli”, podía ejercer como profesor en algunas universidades españolas, entre las que se encuentran la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Universidad Camilo José Cela, Universidad de Salamanca y Universidad de Málaga.

Las asignaturas que impartirá serán dos: Cultura taurina y Métodos para motivar a los estudiantes.

Reacciones en las redes sociales

Las reacciones no tardaron en inundar las redes sociales. Muchas personas se mostraron en contra y algunas mostraron su apoyo o incluso, su indiferencia; pero de todas estas reacciones una destacó especialmente.

Hace un par de días, un profesor de alguna universidad española escribió una carta dirigida al torero, que no tardó en difundirse por las redes sociales. Aquí os dejo con la carta:

“Te escribo estas líneas, Juli, para manifestarte en primer lugar mi enhorabuena por tu nombramiento como profesor de universidad. Leo en los medios que varias universidades (entre ellas la Complutense, la Camilo José Cela, la de Málaga y de Salamanca), se disputan el honor de contar contigo como docente. Al parecer, vas a impartir ni más ni menos que 2 asignaturas, “Cultura Taurina” y “Métodos de motivar a los estudiantes”. Déjame transmitirte, en segundo lugar, mi más sincera admiración. No puedo dejar de asombrarme ante tu capacidad de trabajo y sacrificio, la cual intuyo será titánica.

Me explico: desconozco cuáles son con exactitud los méritos que te han llevado a obtener tan merecido galardón. He tratado de documentarme acerca de tu currículum y tus méritos académicos, sin éxito por desgracia. Ignoro si terminaste la educación secundaria, y en caso afirmativo, si lo hiciste con buenas notas o con un aprobado raspado. Ni siquiera he podido encontrar cuál es tu libro, tu cuadro, tu película o tu ópera favoritos. De modo que debo medir tu éxito profesional por comparación con un pobre investigador como yo. Verás, a mis 33 años, sin hijos y sin apenas vida privada, dedicado casi integramente a la vida universitaria, me ha costado llegar a obtener un puesto de simple profesor ayudante (para que me comprendas, apenas el escalafón más bajo de la carrera universitaria), por citar a un hombre más sabio que yo, “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

Cuento en mi haber con 15 artículos publicados, otras tantas conferencias, estancias en el extranjero, docencia en secundaria, docencia universitaria en España y Francia. Fui premio extraordinario de licenciatura; recibí una beca de mi universidad para iniciar mis estudios de doctorado; tengo un Máster, un Certificado de Aptitud Pedagógica, el Diploma de Estudios Avanzados. Hablo 5 idiomas. Tuve la inmensa fortuna de recibir una cotizada beca FPU del Ministerio de Educación compitiendo a nivel nacional, porque no habría podido financiarme los estudios con el dinero de mi familia ni habría podido trabajar y estudiar en serio al tiempo. No soy tan bueno como para haber escrito un libro aún, y estoy terminando la tesis; te lo cuento para que no pienses que soy un lumbreras o que me tiro el rollo, porque hay gente por ahí con menos suerte que yo, que con un CV mucho más impresionante que el mío y con la tesis publicada, está pudriéndose en el paro hoy o se ha visto obligado a emigrar lejos para encontrar algo en lo que trabajar.

Así que no puedo ni siquiera comenzar a imaginarme cómo lo habrás tenido que pasar tú, mi idolatrado Juli, para conseguir ese puesto de profesor universitario: es obvio que leerás más de uno dos libros al día, publicarás más de 5 o 6 artículos al año (a buen seguro, en las revistas con índice de impacto más elevado en tu campo, sea éste cual sea), hablarás más de 7 idiomas, tendrás ya al menos 2 doctorados y una extensa experiencia docente a tus espaldas… Y todo esto, claro, compaginándolo a tiempo completo con tu carrera de torero (sobre la cual si he podido documentarme ampliamente y al parecer es tan fulgurante y espectacular como tu esotérica carrera investigadora, aunque más laureada, claro). En definitiva, no sólo eres un torero magnífico, sino también un investigador digno de figurar en los anales de la historia. El verdadero hombre del Renacimiento, el siglo XXI, vaya. Miguel Ángel, Leonardo, Donatello, Rafael (te sonarán por las tortugas Ninja, o bien por tus (a ciencia cierta) amplios y sólidos conocimientos de arte renacentista, ya que darás clases de Arte) son meros aficionados a tu lado, Juli.

Verás tengo un amigo malicioso que me responde, cuando le narro emocionado el valor de tus hazañas épicas (tanto en el campo intelectual como en el ruedo), que en realidad no tiene tanto mérito. Me dice éste amigo repelente e inculto que matar a un animal semi-inteligente y tan primario como un toro no tiene tanto mérito ni requiere tanto valor como parece, cuando estás asistido por otras personas y cuando tienes a tu disposición herramientas como una muleta, capotes, banderillas, lanzas, burladeros, un estoque. Insinúa, el muy ladino, que más que coraje, se requiere cierto sadismo para ser capaz de ver en directo el sufrimiento y la tortura gratuitos de un ser vivo y gozar con tal imagen, pero que se necesita ya de un psicópata diagnosticado para además ser el causante inmediato de tal sufrimiento y no solo avergonzarse de ello, sino exhibirse con orgullo en su condición de torturador. Añade, incluso, el torticero, que tratar de camuflar una tortura tan aberrante bajo el nombre bastardo de “arte”, implica ser un espantoso analfabeto e ignorar completamente qué significa crear algo realmente artístico. Me replica el malandrín, que aquellos que consideran “arte” al toreo, deberían echar un vistazo alguna vez en su vida a las Venus de Boticelli, para vislumbrar, aunque fuese de reojo, algo verdaderamente artístico, antes de colgar la etiqueta de arte a un fulano con un trapo rojo en las manos o con un balón de fútbol en los pies. Y finaliza, sarcástico, con que ansía visitar algún “Museo de la ablación” en África, puesto que es una “tradición” que requiere de un talento y destreza sin igual y que debería celebrarse, en lugar de condenarla como barbarie en tiempos pretéritos. No hay forma de iluminar a este díscolo amigo mío: cuando le hablo de cómo os jugáis las vida los torero-investigadores como tú, me argumenta que más valor requiere subir a un andamio, puesto que mueren muchos más obreros por la precaria seguridad laboral, y que no ganan ni la mitad de la mitad de la mitad de un torero. Será cínico! No se da cuenta de que mueren más obreros porque hay más obreros que toreros hoy día.

Ahí queda, pues, mi admiración patente: me quito el sombrero (ya que no puedo quitarme la montera, como tú) ante ti, Juli, ya que a tus 31 años impartes el doble de asignaturas que yo. Pero no temas, se trata de una admiración noble, de una envidia sana; que nace del deseo de mejorar para emularte en tu gloria. Envidio, por ejemplo, tu prosa, limpia y refinada, cuando te oigo pronunciar (en una entrevista colgada en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=aH5kV9knMKw#t=01m37s ) frases tan elocuentes como:

“En tu vida normal pues estás afectao por muchas… cosas, ¿no? Por la educación, por la sociedad, por las circunstancias… pero cuando toreas, hum… prácticamente no hay nada, ¿no? estás salvaje, ¿eh? Esa forma de torear salvaje, que a mí, pues me llena, y es tu estado natural de verdad, ¿no?, cuando eres lo que es, cuando tú te expresas lo que sientes de verdad. La gente puede cosiderar un torero técnico, un torero capaz. Pero yo lo que más… hum… me ha llenao es cuando me he expresao, cuando me he expresao. A mi manera, que, que cada uno tenemos nuestra forma, ¿no? Pero cuando me he expresao es cuando mejor me siento.”

Ah, qué ecos ortega-gassetianos cuando hablas de “las circunstancias”, qué concepción tan fina del contrato social rousseauniano, cuando hablas de cómo la sociedad “nos tiene afectados” y del estado natural “salvaje”. Qué alusión al nihilismo existencial sartriano y heideggeriano cuando hablas del vacío existencial que sólo puede ser colmado por un proyecto del ser para si mismo, y que guiño al arte de Munch, Kandinski o Chagall cuando pronuncias ese “mespresao, mespresao”: expresionismo en estado puro, Maestro. Todo ello aderezado con una humildad socrático-carestiana, al puntuar el discurso con hábiles marcas de modestia y duda metódica, bajo la forma de esos “¿no?” y apostando por el relativismo y la multiculturalidad con tu “con uno tenemos nuestra forma”. Juli, mi admiración por ti es total cuando deconstruyes la gramática con pinceladas de rebelión postmodernas, rompiendo reglas básicas “pero yo lo que más me gusta” o “cuando eres lo que es”. Sin lugar a dudas, tus alumnos se beneficiarán ampliamente de esa destreza con la lengua, que deja en pañales tu habilidad con la muleta. Tu pluma tiene más fuerza que tu estoque, Maestro.

Siento genuina curiosidad por saber cuántas horas has dedicado a confeccionar el programa de tus asignaturas, qué objetivos tienen (y en qué medida son transversales); qué contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales has contemplado; qué crédito didáctico vas a emplear, de qué técnicas psicológicas te valdrás para abordar la motivación (¿usarás la psicología cognitiva, el conductismo, el neopositivismo…?) y cómo has elaborado la lista de la selecta bibliografía que ofrecerás a tus alumnos para contribuir de singular manera en su precaria formación.

Sin duda, Juli, haces honor a tu segunda profesión de torero (la primera y primaria es ya, me atrevería a decir, la de docente), pues coges el toro por los cuernos cuando titulas tus asignaturas “Cultura taurina” y “Métodos para motivar a los estudiantes”. Es obvio que recurrirás a los teóricos del arte como Platón, Aristóteles, Giordano Bruno, Diderot, Goethe o Duchamp, para tender los puentes necesarios que unen de manera indisoluble e intrínseca “toreo” y “cultura”. Alguien con vastísimos conocimientos de cultura y de arte como tú, que te dedicas profesionalmente a ello, no encontrará dificultad alguna para definir algo tan simple como el concepto “arte” y relacionarlo con la actividad manual “toreo”.

Algo más de inquietud me causa, no obstante, tu segunda asignatura, “Métodos para motivar a los estudiantes”: pudiera pensarse que el título tiende a los abstracto, a la divagación espuria, ya que toda motivación, per se, requiere un objetivo de la misma, y sobre ¿qué vamos a motivar a los estudiantes de educación superior hoy día? ¿Sobre cómo hacer las maletas para irse al extranjero a buscar un trabajo ya que las alternativas (de eso tú si que sabes, Maestro) a morirse de hambre son hacerse político corrupto o tertuliano descerebrado? Gracias, Juli, por ser un ejemplo viviente de cómo existen otras opciones realistas y nada estereotipadas, como compaginar la difícil tarea de torero con las más ardua aún, trayectoria de investigador universitario.

No hay nada, pues, que temer, porque desde luego, no creo posible que exista ningún joven ahí fuera mucho más preparado que tú para ese puesto, ni nadie que lo necesite más que tú (se ve que lo estás pasando mal y que este puesto es merecida recompensa a tus ímprobos esfuerzos). Es esguro que dormirás con toda la tranquilidad sabiendo que nadie mejor que tú para recibir dinero público a cambio de publicitar nuestra tradición más importante y más valiosa, de la que todos los españoles estamos tan orgullosos y que no responde a ningún tópico bochornoso y trasnochado.
Olé.

Firmado: Nano, profesor ayudante y ferviente admirador.”

Fuente: http://www.laultimapupila.com y Facebook (José Enrique Zaldívar)

Escrito por: Alicia García

Madrileña. Estudiante de periodismo en la UCM. Amante de la fotografía. Fiel seguidora del Estu. Twitter: @alibyees9

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