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Ana Rayo nos deja en blanco

Ana Rayo nos deja en blanco

 

La Casa de la Portera en pleno barrio de la Latina, nos abre las puertas literalmente de su salón, para presenciar una hora de la vida de María  Fuentes, un personaje interpretado en cuerpo y alma por la actriz Ana Rayo en “La vida en blanco”, escrita y dirigida por José Manuel Carrasco.

Como meros voyeurs me atrevería a decir, éramos un grupo de no más de 20 personas ,que desde las sillas del salón y a menos de 3 metros de la actriz, nos integramos perfectamente formando un todo donde era imposible separarnos de ella. Un todo donde un reloj de pared marcaba con su tic tac el paso más que de nuestro tiempo, el de la vida de María.image

Esta falta de separación hace que todo resulte mas íntimo y emocionante. Yo misma pude experimentar como en un momento de la obra, María en pleno soliloquio, colocara su silla a menos de un metro de mi mirándome a los ojos y haciéndome sentir que me hablaba directamente  provocándome cierto rubor y ganas de terminar sus frases y empezar a mantener una conversación con ella haciéndome olvidar donde estoy. Esta rotura de la cuarta pared sin duda es algo especial y mágico no apto para tímidos que te empapa del halo tragicómico de la obra.

La distribución ovalada del salón hacía que no pudieras ver de frente a  María en determinados momentos, pero una inteligente disposición de espejos, facilitaba que a pesar de estar dándote la espalda, miraras su reflejo en el espejo y te encontraras con su mirada puesto que los usaba para comunicarse con nosotros.

Un montaje inteligente, diferente y una obra desgarradora con una interpretación sublime de una Ana Rayo que se hunde en la piel de una mujer madura, derrotada por una vida que ella misma califica de blanca nuclear, dada la falta de experiencias y vivencias que su elevado sentido de la responsabilidad le han impedido vivir.

Escrito por: Ana Riolobos Pérez

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